Por un lado está la materia ordinaria, los átomos de los que están hechos estrellas, nebulosas y nosotros mismos. Los físicos la llaman materia bariónica: sería el elemento “tierra”.
El “aire” del cosmos es la materia oscura caliente, partículas de masa muy pequeña que se mueven a velocidades cercanas a la de la luz. El representante más claro, nacido para ser oscuro, es el neutrino, una partícula de una masa tan pequeña y que interacciona tan poco con la materia que se ha definido como un cuchillo muy afilado sin mango…. y sin hoja.
El “agua” cósmica está representada por la materia oscura fría, partículas subatómicas exóticas, muy masivas, que se formaron durante la furia de la Gran Explosión. Son el juguete preferido de los físicos teóricos y reciben el nombre genérico, y extravagante. Aquí tiene cabida toda la fauna de partículas raras que pueblan los artículos de los teóricos: axiones, partículas supersimétricas… Curiosamente, quien pone freno a estos sueños son los grandes aceleradores de partículas. Los experimentos del CERN, por ejemplo, han excluido a varios posibles “candidatos” para materia oscura.
Los fotones de luz son el cuarto elemento, el “fuego” cósmico. La gran mayoría de ellos aparecieron inmediatamente después de la Gran Explosión pero muchos otros se han ido formando en los diferentes procesos que podemos ver en el cielo.
Ahora bien, existe otra sustancia cósmica hasta hace poco tiempo ignorada. Es la quintasencia, la energía del vacío, laenergia oscura, representada por la constante cosmológica.
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