AYYY BLASSITO NO ;_;. -le lanza un zapato a Will- ¿¡QUE NO VES LO QUE PROVOCAS, GIGANTE IDIOTA!? Ay. thank you, es que me inspiraste, tenía que darle un empujón al bebé puto este(?).
[ ASDDJSKDJSJK NO LE ZAPATEES xDDDDD, ay, Will pechocho ;; sadlkjjaldsajsklasassdklj ]
Dos, tres.
Acabó por fumar tres cigarrillos, uno tras otro, de manera tan efímera que, el mismo, ni cuenta se dio.
Luego de aquello, intentó no pensar, definitivamente debía de hablarle con alguien de confianza, tal vez aquel chico de la cafetería el cual conocía desde sus veintidós años. Que, antes de trabajar, literalmente nunca se cuestionaba en ir a visitar.
Alexander Bennet, aquel joven pelirrojo teñido de ojos color avellana claro.
Aquel muchacho tuvo algunas era alguien poco reservado respecto a las charlas, pero, eso sí, lo tomaban como un gran cofre, pues, así era. Podría guardar hasta el mínimo secreto de cualquiera, ejemplo; El que Blass fuera mercenario en su pasado.
Sí, Alex sabía que el azabache era mercenario anteriormente, literal, vio como sufrió a lo largo de su vida.
Ya los minutos luego de fumar, pasaron, y el azabache se recostó, colocando la alarma en un tono bajo, para que al otro día no se despertase temprano el muchacho albino.
Ya no quería molestarle más, definitivamente lo había incomodado demasiado.
Tras caer en brazos de morfeo, las horas pasaron de manera fugaz, como si en cuestión de segundos se hubiese ido una extraña noche.
Blass, por su parte, despertó a las 8:00 AM. El sonido bajo del despertador le había resonado en la cabeza, hasta que finalmente lo apagó.
Antes que nada, no pensaba en ir a trabajar hoy, definitivamente debía de tomarse un día libre aunque sea.
No quería despertar al muchacho, y como de costumbre, abrió la ventana, y sutilmente salió, cerrando la misma tras de si. Retrocedió unos pasos, observando el hogar del albino, para así suspirar de manera pesada y voltear.
Pensaba ir a su hogar, y pues así sería.
Solamente comenzó a caminar, sacando su celular para observar atentamente la hora. Sí, era temprano, al menos para Blass.
Tras unos minutos, largos, llegó a su hogar, entró, se bañó y fue a vestirse, sin importar que la pobre peliplateada se encontrase roncando de manera pesada, a saber que noche tuvo ayer.
De seguro una mejor que la del azabache.
Se vistió, tomó sus medicamentos tranquilamente. Una, dos pastillas a su garganta en seco. Las tomó como si nada.
No se sentía preocupado, pero si angustiado, y no quería que la esquizofrenia empeorara las cosas, no.
Caminó fuera de su hogar, cerró la puerta y comenzó a encaminarse al centro de la Ciudad, a la cafetería más conocida dentro de todo por su gran atención y decoración al estilo Vintage.
Allí, pretendía encontrar al pelirrojo teñido, y si no era así, pues, a saber, debería de ir a molestar a Charlotte.
O tal vez no, la pobre ya le pesaba el recuerdo de su primer amor, y a sus veintisiete años, no tuvo más que una sola pareja.
La mirada de Blass, mostraba indiferencia, seriedad, no como el día anterior.
No durmió tan bien, y aún yacía preocupado por el albino menor, eso sí.
Dos, tres.
Acabó por fumar tres cigarrillos, uno tras otro, de manera tan efímera que, el mismo, ni cuenta se dio.
Luego de aquello, intentó no pensar, definitivamente debía de hablarle con alguien de confianza, tal vez aquel chico de la cafetería el cual conocía desde sus veintidós años. Que, antes de trabajar, literalmente nunca se cuestionaba en ir a visitar.
Alexander Bennet, aquel joven pelirrojo teñido de ojos color avellana claro.
Aquel muchacho tuvo algunas era alguien poco reservado respecto a las charlas, pero, eso sí, lo tomaban como un gran cofre, pues, así era. Podría guardar hasta el mínimo secreto de cualquiera, ejemplo; El que Blass fuera mercenario en su pasado.
Sí, Alex sabía que el azabache era mercenario anteriormente, literal, vio como sufrió a lo largo de su vida.
Ya los minutos luego de fumar, pasaron, y el azabache se recostó, colocando la alarma en un tono bajo, para que al otro día no se despertase temprano el muchacho albino.
Ya no quería molestarle más, definitivamente lo había incomodado demasiado.
Tras caer en brazos de morfeo, las horas pasaron de manera fugaz, como si en cuestión de segundos se hubiese ido una extraña noche.
Blass, por su parte, despertó a las 8:00 AM. El sonido bajo del despertador le había resonado en la cabeza, hasta que finalmente lo apagó.
Antes que nada, no pensaba en ir a trabajar hoy, definitivamente debía de tomarse un día libre aunque sea.
No quería despertar al muchacho, y como de costumbre, abrió la ventana, y sutilmente salió, cerrando la misma tras de si. Retrocedió unos pasos, observando el hogar del albino, para así suspirar de manera pesada y voltear.
Pensaba ir a su hogar, y pues así sería.
Solamente comenzó a caminar, sacando su celular para observar atentamente la hora. Sí, era temprano, al menos para Blass.
Tras unos minutos, largos, llegó a su hogar, entró, se bañó y fue a vestirse, sin importar que la pobre peliplateada se encontrase roncando de manera pesada, a saber que noche tuvo ayer.
De seguro una mejor que la del azabache.
Se vistió, tomó sus medicamentos tranquilamente. Una, dos pastillas a su garganta en seco. Las tomó como si nada.
No se sentía preocupado, pero si angustiado, y no quería que la esquizofrenia empeorara las cosas, no.
Caminó fuera de su hogar, cerró la puerta y comenzó a encaminarse al centro de la Ciudad, a la cafetería más conocida dentro de todo por su gran atención y decoración al estilo Vintage.
Allí, pretendía encontrar al pelirrojo teñido, y si no era así, pues, a saber, debería de ir a molestar a Charlotte.
O tal vez no, la pobre ya le pesaba el recuerdo de su primer amor, y a sus veintisiete años, no tuvo más que una sola pareja.
La mirada de Blass, mostraba indiferencia, seriedad, no como el día anterior.
No durmió tan bien, y aún yacía preocupado por el albino menor, eso sí.

