Ay, amo tanto a Blass ajxbdubk♡. En fin, estoy del móvil he ahí el porqué de la respuesta caca.
El arrebol había caído en manos del cielo, adquiriendo a este en unos tenues rojizos mezclados con anaranjados intensos.
Blass, se mantuvo hasta, mas horas allí mismo, hasta qué, la música se detuvo de una vez.
Los muchachos, ya se habían ido, uno por uno, hasta que quedó uno solo, practicando un rato más a encestar.
El muchacho, de un momento a otro, observó al ojicarmin, preguntando; "¿Juegas?", a lo que, este respondió que no.
El pobre joven solo le miró con pena, siquiera sabía que responder, lo había visto solo desde hace horas, allí sentado con una mirada perdida, lo cual le invadió invitarle a jugar algunas encestadas.
Pero el azabache se negó, y bueno, no podría obligarle acaso. Simplemente, el último muchacho, se fue con su pelota deportiva, haciendo un ademán de despedida junto a una agradable sonrisa.
Blass, por su parte, saludó con un vago ademán, dejando a la vista aquellos guantes de cuerina negra.
Sintió su bolsillo vibrar, ¿sería alguien del trabajo?, ¿Charlotte o Scarlett?, tal vez Haine... no, imposible que el Alemán quiera hablarle.
Sacó el celular, le observó y frunció su boca con disgusto al ver aquellas palabras escritas ; "Quiero verte".
Blass suspiró, sintiendo unas pequeñas lágrimas en sus ojos, a la par de una sonrisa algo forzada.
Este escribió; "Yo a ti, ¿donde te encuentras ahora?
Esperó, esperó unos minutos la respuesta a la par de que se colocaba de pie y caminaba de a un lado a otro en la cancha de baloncesto.
No respondía aún, por lo cual simplemente se desesperó.
— P-por favor, contesta...
Sus labios temblaron entre una sonrisa, su voz, de manera efímera, su voz comenzó a quebrarse un poco.
Sí, definitivamente le extrañaba.
Aquel joven de orbes color escarlata, caminó en dirección hacía el mercado, debía de comprar otra caja de cigarrillos, estaba demasiado nervioso.
¿Y si le había pasado algo?, ¿y si estaba con otra persona?... espera, no podía pensar asì.
«Gran, gran idiota»
Pensó sonriente, derramando algunas lágrimas a la par de que tronaba sus dedos con sutileza, golpeteando la yema de estos contra el lateral de su pantalón.
Aún yacía con aquellos guantes de cuero.
Hattori se quedó bajo el gran escaparate de la tienda, se quitó su gabardina y la dejó a un lado, observando el lugar, esperando una respuesta de parte del joven albino.
Su mirada brillaba con intensidad, nuevamente.
Simplemente se dignó a sentarse en una banca cercana junto a sus cosas, era lo único que quedaba por hacer.
Sentarse, esperar.
Y si respuesta no habría, pues, rendirse era lo único que quedaba.
Tantas cosas recorrían la mente del muchacho azabache, le carcomían con facilidad, era molesto.
Pero... le encantaba aquel muchacho, y estaba en lo cierto, quiera o no.
— Lo siento, Will....
Susurró para sí, apoyando su mano derecha sobre el lateral de su cabeza, no estaba cansado, por mas que haya dormido mal. Eso sí, sentimentalmente, destrozado, en pedazos.
Blass, se mantuvo hasta, mas horas allí mismo, hasta qué, la música se detuvo de una vez.
Los muchachos, ya se habían ido, uno por uno, hasta que quedó uno solo, practicando un rato más a encestar.
El muchacho, de un momento a otro, observó al ojicarmin, preguntando; "¿Juegas?", a lo que, este respondió que no.
El pobre joven solo le miró con pena, siquiera sabía que responder, lo había visto solo desde hace horas, allí sentado con una mirada perdida, lo cual le invadió invitarle a jugar algunas encestadas.
Pero el azabache se negó, y bueno, no podría obligarle acaso. Simplemente, el último muchacho, se fue con su pelota deportiva, haciendo un ademán de despedida junto a una agradable sonrisa.
Blass, por su parte, saludó con un vago ademán, dejando a la vista aquellos guantes de cuerina negra.
Sintió su bolsillo vibrar, ¿sería alguien del trabajo?, ¿Charlotte o Scarlett?, tal vez Haine... no, imposible que el Alemán quiera hablarle.
Sacó el celular, le observó y frunció su boca con disgusto al ver aquellas palabras escritas ; "Quiero verte".
Blass suspiró, sintiendo unas pequeñas lágrimas en sus ojos, a la par de una sonrisa algo forzada.
Este escribió; "Yo a ti, ¿donde te encuentras ahora?
Esperó, esperó unos minutos la respuesta a la par de que se colocaba de pie y caminaba de a un lado a otro en la cancha de baloncesto.
No respondía aún, por lo cual simplemente se desesperó.
— P-por favor, contesta...
Sus labios temblaron entre una sonrisa, su voz, de manera efímera, su voz comenzó a quebrarse un poco.
Sí, definitivamente le extrañaba.
Aquel joven de orbes color escarlata, caminó en dirección hacía el mercado, debía de comprar otra caja de cigarrillos, estaba demasiado nervioso.
¿Y si le había pasado algo?, ¿y si estaba con otra persona?... espera, no podía pensar asì.
«Gran, gran idiota»
Pensó sonriente, derramando algunas lágrimas a la par de que tronaba sus dedos con sutileza, golpeteando la yema de estos contra el lateral de su pantalón.
Aún yacía con aquellos guantes de cuero.
Hattori se quedó bajo el gran escaparate de la tienda, se quitó su gabardina y la dejó a un lado, observando el lugar, esperando una respuesta de parte del joven albino.
Su mirada brillaba con intensidad, nuevamente.
Simplemente se dignó a sentarse en una banca cercana junto a sus cosas, era lo único que quedaba por hacer.
Sentarse, esperar.
Y si respuesta no habría, pues, rendirse era lo único que quedaba.
Tantas cosas recorrían la mente del muchacho azabache, le carcomían con facilidad, era molesto.
Pero... le encantaba aquel muchacho, y estaba en lo cierto, quiera o no.
— Lo siento, Will....
Susurró para sí, apoyando su mano derecha sobre el lateral de su cabeza, no estaba cansado, por mas que haya dormido mal. Eso sí, sentimentalmente, destrozado, en pedazos.

