Me llevaron al laboratorio de ciencia y yo como: Me cago en Dioh, tengo que contestar un rol (?).
[ xDDDDDDDDDDDDDDDDD Ay muero :c ]
El silencio cada vez se hacía más presente, poco a poco al salir de aquel bar. Ante, sus palabras, y aquella acción suave, el azabache mordió su labio, dejando derramar varias lágrimas entre un silencio, el cual, casi quebró en llanto el cual no logró soltar.
— No no.... n-no estás bien, vayámonos
Continuó caminando con cuidado, ayudando al mayor con delicadeza pero fuerza. La voz de Blass yacía quebrada, como si hubiesen dado un golpe en seco contra su pecho, u el interior de su garganta.
Realmente se sentía horrible, pero era su culpa, no la del albino mayor.
— No te preocupes, preocúpate por ti...
Nuevamente continuó caminando en silencio, había pasado el suficiente rato a un lado del muchacho, sosteniéndole. Ya ambos se encontraban frente al hogar de Blass.
Pobre muchacho, a lo que más olía era a alcohol.
Se sentía del sumo asco, pero no era momento de admitir nada, debía de atener al... menor.
¿Cómo logró beber tanto?, Blass a comparación, no aguantaba tanto a diferencia de quien yacía a su derecha.
Sacó sus llaves, yendo a abrir la puerta.
La chica había dejado la puerta sin llave, solo cerrada.
Vaya imbécil, se había ido y ni con seguridad dejó el hogar del azabache.
Cuando entró, cerró la puerta y la trancó tras el muchacho albino.
Lentamente, entre algunos pequeños sollozos los cuales cubría, se dirigió hacia el sofá, mordiendo sus labios para aguantar la angustia que repentinamente le atacaba.
Dejó al muchacho sentado, arrodillándose frente a el por un misero momento, más bien, encorvándose,
— Ni un poco bien, ¿cierto?
De seguro se sentía completamente mal, y Blass no ayudaba para nada con era mirada de perro mojado.
El silencio cada vez se hacía más presente, poco a poco al salir de aquel bar. Ante, sus palabras, y aquella acción suave, el azabache mordió su labio, dejando derramar varias lágrimas entre un silencio, el cual, casi quebró en llanto el cual no logró soltar.
— No no.... n-no estás bien, vayámonos
Continuó caminando con cuidado, ayudando al mayor con delicadeza pero fuerza. La voz de Blass yacía quebrada, como si hubiesen dado un golpe en seco contra su pecho, u el interior de su garganta.
Realmente se sentía horrible, pero era su culpa, no la del albino mayor.
— No te preocupes, preocúpate por ti...
Nuevamente continuó caminando en silencio, había pasado el suficiente rato a un lado del muchacho, sosteniéndole. Ya ambos se encontraban frente al hogar de Blass.
Pobre muchacho, a lo que más olía era a alcohol.
Se sentía del sumo asco, pero no era momento de admitir nada, debía de atener al... menor.
¿Cómo logró beber tanto?, Blass a comparación, no aguantaba tanto a diferencia de quien yacía a su derecha.
Sacó sus llaves, yendo a abrir la puerta.
La chica había dejado la puerta sin llave, solo cerrada.
Vaya imbécil, se había ido y ni con seguridad dejó el hogar del azabache.
Cuando entró, cerró la puerta y la trancó tras el muchacho albino.
Lentamente, entre algunos pequeños sollozos los cuales cubría, se dirigió hacia el sofá, mordiendo sus labios para aguantar la angustia que repentinamente le atacaba.
Dejó al muchacho sentado, arrodillándose frente a el por un misero momento, más bien, encorvándose,
— Ni un poco bien, ¿cierto?
De seguro se sentía completamente mal, y Blass no ayudaba para nada con era mirada de perro mojado.
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Saturnø
