No me gusta que cuando hago o digo algo me respondan con un "joder, que tienes 20 años".
Me parece estupendo que tú quieras seguir los estándares impuestos por la sociedad de nacer, crecer, estudiar, casarte, formar una familia, jubilarte y morirte. Acepto que tú quieras eso. Acepta que yo no quiera eso. Acepta que yo no quiera madurar.
Si, tengo 20 años. Es verdad. Al igual que también es verdad que me sigo emocionando cuando llega Halloween y no me importaría nada disfrazarme e ir de casa en casa pidiendo chuches. También es verdad que el 5 de enero me sigue costando mucho dormir. Y, créeme, que también es cierto que me encanta mirar y comprar peluches. Aún sigo llorando y sintiéndome como la mierda, cual adolescente, cuando me esfuerzo por conseguir algo que quiero y lo único que consigo es fracasar, o cuando alguien que me gusta no me puede corresponder. Sigo viendo dibujos animados. Me sigue apeteciendo jugar con los Lego y los Playmobil. Sigo durmiendo abrazada a un peluche. Sigo odiando el maquillaje, los tacones, los vestidos y el contacto con el sexo opuesto. Sigo teniendo sueños imposibles en los que creo firmemente. Sigo soñando con la idea de un mundo mejor. Sigo queriendo correr, saltar y gritar a pleno pulmón para quemar todas mis energías.
Así que sí, tienes razón. Soy una maldita cría que se niega a crecer y a ser todo lo que esperan que sea. Lo único que te pido es que me aceptes y no me eches en cara cómo quiero ser solo porque la sociedad ha impuesto estúpidos estándares que tú estás dispuesto a seguir.
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