¡Abrazo! –Exclamó despacio, luego volvió a refugiarse en la anatomía ajena con descaro inocente y rodeó la espalda ajena con sus cortos brazos.–
¡De oso! –Sentenció antes de atrapar al mas bajo entre sus brazos, rápidamente frotando estos un poco de manera juguetona para luego apretarlo débilmente–.