–Una sonrisa se plasmó en sus labios cuando sintió ese agarre fuerte del menor. Se sentía bien, seguro y pudo saborear un poco la felicidad que creía sólo alcanzaba al leer.– Eres un oso. –Al decir eso, sólo aferró más sus dedos en la tela contraria, con el fin de dejar en claro que era su oso.–
Soy un oso entonces –Sentenció con claridad, sin deshacer ese agarre que tenían sus largos brazos sobre el cuerpo del mas bajo–. ¿Qué pasa por tu mente ahora? ¿No te sientes mejor? Yo. . yo me siento mejor –Murmuro con calma y un cierto alivio en su voz–.