–Instintivamente escondió el rostro en el cuello cercano. Estaba contento, se sentía genial y sonreía con regularidad.– Me siento bien, me siento muy bien contigo. –Para entonces, todo lo que decía era a través de murmullos directos en la oreja del menor, para mantener esa complicidad entre ambos.–
Estáis bien. . lo estas –Murmuro con calma sin dejar de apretar con debilidad el cuerpo del contrario–. Estas seguro aquí, no pasa nada –Comento con gracias un par de risas–. Las personas le temen a los osos, si estas conmigo nadie se nos va a acercar