[Desahógate]
No hay más que vernos, vivimos en una sociedad pendiente de cada gramo, cada imperfección, cada decisión personal, cada tropiezo, y que sin embargo reivindica el sentirse bien con uno mismo y el derecho a expresarse libremente. Vivimos anclados a estereotipos, a apariencias inútiles, que nos alejan de ser quien realmente queremos ser. Vivimos encasillados en un grupo, etiquetados, porque nos aterra el no conocer algo lo suficientemente como para no ponerle un nombre.
No podemos hacer que nuestra vida gire al rededor de un "qué dirán". Hablamos de verdadera valentía al hacer aquello que queremos hacer a pesar de tener opiniones en contra.
Hablamos de libertad con la mente llena de hipocresía y con las palabras medidas.
¿Que te gusta chillar? Chilla. Chilla hasta quedarte sin voz.
¿Que te gusta bailar? Baila.
Baila hasta que cada centímetro de tu cuerpo quede dolorido.
¿Que te gusta comer? Come hasta que ya no puedas pegar otro simple bocado.
¿Que te gusta cantar? Canta hasta que toda tu piel quede erizada.
¿Quien te lo impide? Sólo tú.
Las personas que no opinan o piensan igual que tú no pueden permitirse el privilegio de juzgarte por ser quien eres. No puedes pedir perdón por ser real. Ni puedes cambiar por la opinión de gente a la que realmente no le importas.
Haz lo que te de la real gana, sal o entra, vete o quédate, grita o calla, haz o no hagas, pero no le des explicaciones a nadie. La gente realmente feliz no las necesitan.
No podemos hacer que nuestra vida gire al rededor de un "qué dirán". Hablamos de verdadera valentía al hacer aquello que queremos hacer a pesar de tener opiniones en contra.
Hablamos de libertad con la mente llena de hipocresía y con las palabras medidas.
¿Que te gusta chillar? Chilla. Chilla hasta quedarte sin voz.
¿Que te gusta bailar? Baila.
Baila hasta que cada centímetro de tu cuerpo quede dolorido.
¿Que te gusta comer? Come hasta que ya no puedas pegar otro simple bocado.
¿Que te gusta cantar? Canta hasta que toda tu piel quede erizada.
¿Quien te lo impide? Sólo tú.
Las personas que no opinan o piensan igual que tú no pueden permitirse el privilegio de juzgarte por ser quien eres. No puedes pedir perdón por ser real. Ni puedes cambiar por la opinión de gente a la que realmente no le importas.
Haz lo que te de la real gana, sal o entra, vete o quédate, grita o calla, haz o no hagas, pero no le des explicaciones a nadie. La gente realmente feliz no las necesitan.
